Día Internacional de la Mujer


La gran variedad de versiones con respecto al punto de partida de esta celebración va desde la lucha encabezada por un grupo de trabajadoras textiles estadounidenses en 1857, hasta la revuelta obrera, de mujeres agremiadas al mismo sector de trabajo en el país vecino.

Independientemente de si la protesta fue en contra de las condiciones de trabajo miserables en las que se desarrollaban o en contra de las jornadas de trabajo exhaustivas que buscaban reducirse lo más humanamente posible, esta fecha es recordada como una pauta internacional de lucha por la búsqueda de una equidad de género, de una cultura de respeto e igualdad. La realidad, desgraciadamente, más que anteponer el progreso equitativo de los miembros de nuestra sociedad nos ha hecho vislumbrar un panorama muy distinto del esperado.



El ejercicio de la violencia, la desigualdad, la falta de legislaciones justas, la reducción del concepto mujer a un objeto susceptible de abusos, intercambios, e incluso venta, nos hacen reflexionar en el aún largo camino que nos falta por recorrer antes de librar una victoria contra los usos y costumbres aceptados ancestralmente. Y eso incluirá el que nosotras mismas recordemos como escucharnos, como querernos, valorarnos y creer en nuestro poder ¡UN PODER QUE NOS PERTECENE!

Sin embargo, como todo en la vida tiene su justa medida de la amargura proporcionada por la realidad, les dejo a su contrastante medida de dulzura proporcionada por el emblemático poema "Si dios fuera una mujer" del escritor y poeta uruguayo Mario Benedetti:

¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.

Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.
Feliz día a todas las maravillosas mujeres que con la magia de sus vidas inundan de luz nuestro mundo: madres, hermanas, amigas, profesoras, compañeras, ¡simplemente a todas y cada una por lo especiales que son a su manera!

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