La polémica película de Tim Burton, "Alice in Wonderland", está cumpliendo dos semanas de estreno en nuestro país y finalmente obtengo el tiempo necesario para darle el espacio merecido a la tan esperada adaptación fílmica del director de éxitos tales como "Sweeney Todd", "Charlie and the Chocolate Factory", "Sleepy Hollow", entre otras.
El regreso de Burton a la empresa que lo despidiera por su sombría concepción cinematográfica ha generado un gran controversia y más al incluir en este proyecto a Linda Woolverton, una de las guionistas más emblemáticas de Disney con trabajos tales como "Mulan", "La Bella y la Bestia", "El Rey León", etc.

Es gracias a esta reconciliación que Tim y Linda se aventuran en la consumación de una secuela fílmica, de la secuencia literaria ya existente sobre la historia de Alicia, quién en esta ocasión, regresa al maravilloso país que la recibiera cuando niña, acontecimiento que recuerda tan solo como un recurrente sueño inexplicable.
Johnny Depp interpreta al Sombrerero Loco y Mia Wasikowska a una Alicia de 19 años, que regresa al mundo mágico donde se adentró siendo una niña para reunirse con sus antiguos amigos: el Conejo Blanco, Tweedledee y Tweedledum, la Oruga, el Gato de Chesire, y por supuesto, el Sombrerero Loco. Alicia se embarca en un viaje fantástico para encontrar su verdadero destino y poner fin al reinado de Terror de la Reina Roja.
Tomando como punto de partida esta peculiar unión entre dos concepciones completamente contradictorias de un mismo proyecto infantil, es que podemos llegar a comprender que es lo que sucedió al momento de condensarse y el parámetro que utilizo para describir mi experiencia en la sala de cine. Y es que en materia de imposición ideológica, creo fielmente que Disney obtuvo la victoria que hizo que los fans de Burton se preguntaran por su peculiar visión en la gran pantalla.
Comenzando por la pérdida de la firme convicción que poseíamos en la niñez con respecto a la existencia de mundos fantásticos, esta historia nos recuerda la gran represión que la sociedad hace sobre las personas "diferentes", al tiempo que le da un sentimiento de calidez a aquellos que se consideran como tales.
La sorpresiva aparición de la voz de Alan Rickman como la oruga azul significó un deleite auditivo y la impecable interpretación de Helena Bonham Carter como la Reina Roja proporcionó un toque irónico y divertido del concepto de dictadura de corazones.
Un grandioso concepto del sonriente gato y de los importunos gemelos, se sumaron a a ka falta de fuerza interpretativa de Anne Hathaway como la Reina Blanca [quién es recordada principalmente por una excesiva dulzura].
Jhonny Deep, enigmático y agradable como siempre, nos hizo recordar varios de sus papeles más destacados, por lo que el factor sorpresa quedo solo es una expectativa de la audiencia. Unos grandes ojos y un personaje por demás melancólico que nos regala una peculiar danza al final de la cinta.
Aunque el guión deja ver una linealidad que permite vislumbrar con anticipación el desenlace, ese anhelo por un detonante inesperado y oscuro, se quedo concentrado en los espectaculares escenarios, las encantadoras criaturas y la falta de fuerza en el final.
Personalmente, me queda una gran curiosidad ante lo que podría entenderse como un vínculo amoroso entre Alice y el Sombrero Loco, el tratamiento un tanto carente de emoción por parte de Mia Wasikowska [en quién tenía muchas expectativas], interrogantes ante el encubrimiento de un secreto familiar y ante la discriminación por la nueva versión de la "señora Havisham" [quién finalmente solo mostraba su capacidad de soñar en grande], y aún con lo anterior, el singular sabor que solo puede dejarte una película realizada por este talentoso director.

0 comentarios:
Publicar un comentario