Tinturas (8): Conociendo nuestros derechos.

En materia de lectura, los hábitos que envuelven a dicha actividad son múltiples, sin embargo, los derechos de todos los involucrados con ella (sea sentimentalmente, intelectualmente o en cualquier otro nivel), se traducen en una interesante lista que he tenido la oportunidad de encontrar y compartir por este medio con ustedes.

1. Derecho a No Leer. Sin este derecho la lectura sería una trampa perversa. La libertad de escribir no puede ir acompañada del deber de leer.

2. El Derecho a Saltarse las Páginas. Por razones que sólo conciernen a nosotros y al libro que leemos.

3. El Derecho a No Terminar el Libro. Hay 36000 motivos para abandonar una lectura antes del final: la sensación de ya leída, una historia que no engancha, desaprobación de la tesis del autor... Inútil enumerar los 35995 restantes, donde bien podía estar un posible dolor de muelas.

4. El Derecho a Releer. Por el placer de la repetición, la alegría de los reencuentros, la comprobación de la intimidad.

5. El Derecho a Leer Cualquier Cosa. Buscamos escritores, buscamos escrituras; se acabaron los meros compañeros de juego, reclamamos camaradas del alma.

6. El Derecho al Bovarismo (enfermedad de transmisión textual). La satisfacción exclusiva e inmediata de nuestras sensaciones: la imaginación brota, los nervios se agitan, el corazón se acelera, la adrenalina sube y el cerebro confunde, momentáneamente, lo cotidiano con lo ficticio.

7. El Derecho a Leer en Cualquier Lugar.

8. El Derecho a Hojear. Autorización que nos concedemos para coger cualquier volumen de nuestra biblioteca, abrirlo por cualquier lugar y sumirnos en él un momento. Cuando no se dispone de tiempo ni de medios para ir a Venecia, ¿por qué negarse al derecho de pasar allí cinco minutos?

9. El Derecho a Leer en Voz Alta. Los libros se abren de par en par, y la multitud de los que se creían excluidos de la lectura se precipita detrás de él (Suele pasar con la poesía cuando es cantada).

10. El Derecho a Callarnos. Nuestras razones para leer son tran extrañas como nuestras razones para vivir. Y nadie tiene poderes para pedirnos cuentas sobre esa intimidad.

Y ustedes, ¿cuál es el derecho del lector que más ejercen? ¿su favorito? Siendo la re-lectura y el quedarse en silencio con esa sensación indescriptible que da un buen libro, me despido en esta ocasión.

¡Felices tintas!

Gracias a la Biblioteca de Carcabuey por el artículo.

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