Daguerrotintos (7): Adiós, castaño de la niña judía.

Nuevamente, esta pequeña sección está dedicada a un motivo literario. Y aunque el acontecimiento que ha inspirado al mismo atañe a la pérdida de un símbolo de suma importancia, pareciera que el duelo de la partida de este elemento natural ha sido superado dando lugar a este pequeño artículo.

La primera vez que leí acerca de tan distinguido castaño fue a la edad de 10 años. Aún me encontraba en la escuela primaria cuando se presento ante mí El Diario de la pequeña Anne Frank y la historia de su mítico escondite que la protegieran de la persecución nazi en Ámsterdam.

Sobreviviendo numerosas décadas después de dicho acontecimiento, finalmente un temporal acabo con 150 años de vida el pasado 23 de agosto del 2010, tarea que ni las plagas ni las pretensiones de demolición lograron años antes.

Una de las pocas visiones del mundo exterior que esta joven judía de la Segunda Guerra Mundial durante sus dos años de encierro clandestino, fue precisamente el cambio de estaciones en este árbol.

La fundación Anne Frank, que antes del 2008 y ante la amenaza de tala, había recolectado y distribuido para su siembra una cantidad considerable de castañas provenientes de este espécimen, ahora recolecta fotografías de los "descendientes originales" de este símbolo de resistencia.

Finalizando con una cita del libro, transmitida por Papel En Blanco, que me ha hecho recordar con cariño el mes de mi nacimiento, los tiento a tomar este ejemplar en algún momento no muy lejano:
«El castaño está en flor de arriba abajo. Además, está lleno de hojas y se ve mucho más bonito que el año pasado.» – Anne Frank, 13 de mayo de 1944.


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