Muñecas rotas.

Tú podrías ser el siguiente…

En realidad, la frase anterior deseaba incluirla como parte del título, sin embargo, el tinte de amenaza que parecía incluirse subliminalmente como si se tratase de una historia de terror, me hizo dejar la segunda parte como parte de una advertencia bien intencionada.


El 2011 ha comenzado
(dejando muchas cosas por las cuales agradecer de su antecesor) y con él una serie de promesas tradicionales que generalmente hacemos nosotros mismos. Cabe destacar que vislumbrándose como un año sumamente prometedor, dichas promesas debían ser sumamente especiales y en reciprocidad con lo que me atrevo a aventurar será una temporada d
e novedosas oportunidades, igualmente prometedoras.

Sin embargo, llegando al primer fin de semana del año, más que el deseo de compartir proyectos y sueños que preferiría tuviesen su propio y personalizado espacio en el cual lucirse cual buenos mozos, me detuve ante la reflexión sobre un tema de trascendental importancia: las muñecas.



Encantadora la metáfora que vino a mí a través de esta imagen, pero en resumidas cuentas, todo radica en una serie de preguntas sobre nuestros propios hábitos de consumo tecnológico: ¿Cuántas horas al día pasas frente a la computadora? ¿Tiendes a utilizar en exceso el “mouse”? ¿Cuál es la posición que forman tus manos al escribir en computadora? ¿Sueles lavarte las manos con agua fría después de una larga jornada frente al monitor?

Y como las anteriores, una vasta cantidad restante que nos apunta a un mal propio de nuestra generación, uno muy conocido por todos aquellos que durante el año p
asado se extrañaron de la baja considerable en mi consumo de horas “tecleando”: el llamado “Síndrome del Túnel Carpiano”.



Si entintados, es más que razonable temblar ante su mención. Afecta alrededor de un 3% de la población en general y por desgracia, se presenta prioritariamente en mujeres.

Todo comienza con un calambre o entumecimiento parcial o total de la mano, pero puede llegar a debilitar e incluso atrofiar los músculos.
Y resulta que dicho “mal” puede prevenirse de manera considerable si las horas “tecleando” corresponden a un número razonable, si se utiliza una almohadilla especial para que la muñeca quede a la altura del ratón al momento de operarlo, si las muñecas se mantienen en línea recta y por encima del teclado (contrario a la usual forma en la que se recargan las muñecas sobre la superficie, dejándolas todo el tiempo flexionadas), o si se evitan cambios bruscos de temperatura al limpiar las manos (prefiriendo un gel anti-bacterial antes que un chorro de agua fría sobre la piel caliente).


Básicamente, uno de esos pequeños detalles de la vida que en particular, me hubiese gustado alguien compatiese conmigo antes de llegar a últimas instancias, donde solo existen un par de alternativas: una larga (y dolorosa) recuperación, o una intervención quirúrgica.


En cuestiones de tinta, a veces también es importante hablar de salud.
Por lo mismo, ¡a cuidar sus “muñecas”!

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